La historia hasta el momento... 2ª parte
por Blizzard Entertainment el December 7th a las 1:00pm

Heraldos del crepúsculo

Mientras las razas del mundo luchaban por sobrevivir a causa del cataclismo, aparecieron nuevos detalles concernientes a qué o quién había causado el desastre. Antes del gran cambio, la Furia de la Tierra le había dicho crípticamente a Thrall que la inestabilidad de Azeroth había sido causada por algo bueno que se había vuelto antinatural. Algo que deseaba infligir dolor y sufrimiento a todo el mundo.

El aviso era en referencia a un ser que fue conocido una vez como Neltharion, el Guardián de la Tierra. Hace mucho tiempo, a este Aspecto del vuelo negro se le fue concedido el dominio sobre los dominios terrestres de Azeroth de la mano de los benevolentes titanes. Sin embargo, los incesantes susurros de los Dioses Antiguos habían conducido a Neltharion gradualmente a la locura, provocando que abandonase su sagrada tarea. Tiempo después, durante la Guerra de los Ancestros, revelaría su traición al utilizar contra sus aliados un artefacto tremendamente poderoso, el Alma de Dragón, aniquilando casi todo el vuelo azul. A partir de ese momento, y para siempre, Neltharion respondería a un nuevo nombre: Alamuerte.

La atención asesina de Alamuerte se había centrado en la subyugación de los otros vuelos, un objetivo que no pudo cumplir décadas atrás cuando fue obligado a ocultarse tras la persecución por los Aspectos Dragón Alexstrasza, Ysera, Nozdormu, y Malygos. En ausencia de Alamuerte, los agentes del vuelo negro continuaron uno de sus planes más oscuros: crear una especie de dragones más poderosos. El más prometedor de estos pérfidos experimentos dio como resultado los dragones crepusculares, criaturas maléficas que aparecieron por primera vez en la ciudad enana abandonada y maldita de Grim Batol, y poco después dentro del santuario de la Cámara de los Aspectos.

Durante mucho de estos acontecimientos, Alamuerte permaneció oculto. Circularon rumores sobre su muerte, llevando a la asunción de que su malévola influencia sobre Azeroth estaba llegando a su fin. Pero no era el caso. En Infralar, el dominio de tierra dentro del Plano Elemental, Alamuerte alimentó su odio hacia los habitantes de Azeroth, esperando su momento para irrumpir desde su guarida y reforjar el mundo en llamas. Ese fatídico día, el Cataclismo, llegó poco después del retorno de Thrall desde Terrallende.

El violento regreso de Alamuerte hizo mucho más que partir las tierras de Azeroth; también rompió las fronteras del Plano Elemental. Durante la confusión posterior, los caóticos elementales emergieron a través del mundo desde Fauce Abisal, Infralar, las Tierras de Fuego y el Muro Celeste. Trabajando con Alamuerte, el culto del Martillo Crepuscular, y su retorcido líder, Cho’gall, establecieron fortalezas a lo largo del mundo con la ayuda de dragones crepusculares y elementales esclavizados.

Hasta el momento, muchos de los defensores de Azeroth se han dedicado a combatir contra el culto por sí mismo, y a calmar a las fuerzas elementales que amenazan con partir el mundo. Por encima de estos campeones destacan los chamanes del Anillo de Tierra, incluyendo Thrall, Nobundo y Muln Furiatierra. Otros héroes de la Horda y la Alianza también han respondido al desafío, pero su atención ha sido dividida a causa de las escaramuzas entre ambas facciones.

En medio de la confusión, otros dos grupos bajo asedio están luchando por sobreponerse a sus propios problemas. El reino humano de Gilneas, aislado del resto del mundo durante años, se encuentra bajo el asalto de los Renegados de la Reina Sylvanas. Al margen de los no muertos, el reino está siendo asaltado por una debilitante maldición que transforma a sus víctimas en bestias-lobo ferales, conocidas como huargen. Mientras tanto, una erupción volcánica en la isla tropical de Kezan ha expulsado al Cartel Pantoque y otros goblins de sus hogares. El príncipe mercante Gallywix ha aprovechado para capitalizar este momento de pánico y estafar a sus compañeros goblins los ahorros de sus vidas, y su libertad, a cambio de un transporte lejos de Kezan.

Del mismo modo que Gilneas y el Cartel Pantoque, otros reinos y facciones del mundo se enfrentan a sus propias pruebas, desde sus propias luchas políticas internas hasta la reaparición de viejos enemigos. Pero hay una verdad inescapable que es común a todos ellos: si Alamuerte y sus nihilistas sirvientes no encuentran oposición, el Cataclismo palidecerá en comparación al caos que espera en el futuro de Azeroth..

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