Thrall: El Crepúsculo de los Aspectos - Primer extracto
por Blizzard Entertainment el August 19th a las 2:00pm

Escrito por la reconocida escritora del New York Times Christie Golden, la nueva novela "Thrall: El Crepúsculo de los Aspectos" está disponible en tiendas. Nos complace presentar una serie de tres extractos de la novela para vuestro disfrute.
Podéis leer el primer extracto más abajo.

Nobundo se volvió hacia Thrall y Aggra mientras éstos se aproximaban. Había sido un draenei, pero su porte ya no era orgulloso; ya no era fuerte ni alto, sino que estaba encorvado, casi deforme por culpa de haber estado expuesto a viles energías. Si bien muchos tábidos eran siniestros y corruptos, Nobundo no lo era. De hecho, para él había sido una bendición; su enorme corazón se había abierto a los poderes chamánicos y había sido el primer chamán entre los miembros de su pueblo. Junto a él se encontraban varios draeneis, con sus cuerpos inmaculados, esbeltos e impolutos. Aun así, para Thrall y muchos otros, Nobundo los superaba a todos por ser quien era.

En cuanto el Alto Chamán posó la mirada sobre Thrall, el orco quiso apartar la mirada. Thrall respetaba tremendamente a aquel ser (en realidad, a todos los chamanes congregados en aquel lugar) y jamás había querido decepcionarlo. Pero lo había hecho.

Nobundo le indicó a Thrall que se acercara haciéndole un gesto con una de sus descomunales manos:

    —Vamos, amigo mío —le dijo en voz baja, a la vez que observaba al orco con suma bondad.

Gran parte del resto no mostraron una actitud tan gentil con él; de hecho, Thrall pudo sentir cómo una serie de miradas iracundas se posaban sobre él mientras se aproximaba a Nobundo. Los demás chamanes se unieron a esta reunión formal en total silencio:

    —Conoces el conjuro que intentamos lanzar —afirmó Nobundo, cuya voz seguía transmitiendo calma—. Su finalidad es tranquilizar y reconfortar a la tierra. Admito que es un sortilegio complejo, pero todos los aquí presentes sabemos cómo hay que realizarlo. ¿Nos puedes decir por qué tú...?
    —Ve al grano —rezongó Rehgar.

Rehgar era un orco colosal y corpulento que estaba cubierto de cicatrices de mil batallas. A primera vista, no transmitía la sensación de ser alguien muy «espiritual»; no obstante, ésa era una impresión realmente errónea. La trayectoria vital de Rehgar lo había llevado de ser un gladiador a ser dueño de esclavos y, más tarde, a convertirse en leal amigo y consejero de Thrall; sin embargo, la vida aún le deparaba muchas más sorpresas. No obstante, ahora, cualquier otro orco que no fuera el ex jefe de guerra de la Horda habría temblado al sentir su ira:

    —Thrall... pero ¿qué te ha pasado? ¡Todo hemos podido percibir que no estabas concentrado!

Las manos de Thrall se cerraron hasta transformarse en puños de manera involuntaria y el orco se vio obligado a calmarse.

    —Sólo porque seas mi amigo no voy a permitir que me hables de esa manera, Rehgar —replicó Thrall con calma, aunque con cierto tono de furia en su voz.
    —Rehgar tiene razón, Thrall —aseveró Muln Furia Terrenal con una voz grave y atronadora—. Es una empresa muy difícil, pero no imposible... ni siquiera nos resulta extraña. Eres un chamán, uno que ha superado todos los ritos genuinos de su pueblo. Drek’Thar te consideraba el salvador de su pueblo porque los elementos te hablaban a pesar de que llevaban callados muchos años. No eres un niño inexperto al que haya que mimar y compadecer. Eres un miembro de pleno derecho de este Anillo... un miembro honorable y fuerte, si no, no estarías aquí. Aun así, te has desmoronado en un momento crucial. Podríamos haber acallado esos seísmos, pero tú has echado a perder nuestros esfuerzos. Tienes que decirnos por qué estás tan distraído para que así podamos ayudarte.
    —Muln... —acertó a decir Aggra, pero entonces Thrall alzó una mano.
    —No pasa nada —respondió a Muln—. Simplemente, debemos afrontar una tarea exigente y fatigosa en un momento en que tengo muchas cosas en la cabeza. Nada más. Rehgar masculló un juramento.
    —Así que tienes muchas cosas en la cabeza —le espetó—. Pues el resto también. ¡Pensamos en cosas tan triviales como que tenemos que evitar que nuestro mundo se autodestruya!

Durante un segundo, la ira dominó por completo a Thrall. Sin embargo, Muln habló antes de que el orco pudiera replicar:

    —Rehgar, Thrall fue el líder de la Horda, no tú. No puedes saber qué clase de pesadas cargas tuvo que soportar sobre sus hombros en su día en virtud de su puesto; además, quizá todavía lleve sobre su conciencia el peso de algunas de esas cargas. Además, hasta hace muy poco poseías esclavos, ¡no eres quién para juzgarlo desde un plano moral!

Entonces, se giró hacia Thrall:

    —No te estoy atacando, Thrall. Simplemente, intento dar con una forma con la que podamos ayudarte, para que así tú luego puedas ayudarnos.
    —Sé qué estás haciendo —replicó Thrall, cuya respuesta pareció más un gruñido que otra cosa—. Y no me gusta.
    —Quizá sólo necesites descansar un poco —afirmó Muln, buscando una salida diplomática a la discusión—. Nuestra misión es muy exigente e incluso los más fuertes se cansan.

Thrall ni siquiera se dignó a contestar al otro chamán; simplemente, asintió bruscamente y se dirigió a su refugio.
Estaba furioso, mucho más de lo que había estado en mucho tiempo. Y la persona con la que estaba más furioso era consigo mismo. Sabía que él había sido el eslabón más débil de la cadena, que había fallado a la hora de alcanzar el estado de concentración definitiva en el momento en que más desesperadamente lo necesitaban. Aún era incapaz de sumergirse en su fuero interno para alcanzar el Espíritu de la Vida que moraba ahí, lo cual era precisamente lo que le exigían.
No sabía si alguna vez iba a ser capaz de lograrlo. Y, como era incapaz de alcanzar esa meta, sus esfuerzos conjuntos habían fracasado.