Thrall: El Crepúsculo de los Aspectos - Segundo extracto
por Blizzard Entertainment el August 23rd a las 12:00pm

Escrito por la prestigiosa escritora del New York Times Christie Golden, la nueva novela "Thrall: El Crepúsculo de los Aspectos" está disponible en tiendas. Nos complace presentar una serie de tres extractos de la novela para vuestro disfrute. Podéis leer el segundo extracto más abajo.

¿Todavía no has leído el primer extracto? Detente, amigo, y no avances más. Puedes leerlo aquí.

    —Sería bueno que fuéramos capaces de colaborar todos juntos... antes de que llegue la Hora del Crepúsculo —afirmó Alexstrasza, observando a Kalec y Arygos—. Los azules deben determinar la forma en que van a elegir a un nuevo Aspecto y cómo van a compensar al resto de vuelos por lo sucedido. Debéis demostrarnos que podemos confiar de nuevo en vosotros. Estoy segura de que entendéis el porqué de estas exigencias.
    —¿Que debemos hacer qué? —le espetó Arygos—. ¿Por qué tenemos que demostrar nada, Alexstrasza? ¿Quién eres tú para determinar lo que el vuelo azul debe o no hacer? ¿Quién eres tú para juzgarnos? Ni siquiera te has planteado compensarnos cuando por tu culpa, precisamente, necesitamos tener un nuevo Aspecto. ¿Qué piensas hacer para demostrarnos que podemos confiar en ti?

Ante tal insulto, la dragona carmesí lo miró un tanto atónita, pero Arygos volvió a la carga:

    —¿Cómo podemos saber que no me vas a asesinar si mi vuelo me elige como su nuevo Aspecto? —añadió con premura—. Además, tu amigo, ése al que le gusta que le llamen Krasus... no es amigo de los dragones azules. Ha demostrado en repetidas ocasiones que está en nuestra contra. No he podido evitar fijarme en que no se encuentra presente en esta reunión. ¿Acaso tú tampoco querías que estuviera aquí?
    —Korialstrasz te salvó la vida, Arygos —le recordó Kalecgos—, cuando tu padre se hallaba tan inmerso en su locura que incluso te había abandonado.

Aquella verdad era una herida que Arygos aún tenía abierta y muy pocos eran lo bastante audaces como para recordárselo. La nidada de huevos de la que habían nacido Arygos y Kirygosa había quedado abandonada por culpa de la locura de Malygos. Fue Korialstrasz quien descubrió su nidada abandonada así como muchas otras y se las había llevado a Nozdormu para que las cuidara. Más tarde, aquellos huevos habían sido entregados al vuelo de dragón rojo. Aquél era un ejemplo perfecto de cooperación entre tres vuelos distintos en defensa de una buena causa: el cuidado de unos huevos que aún no habían eclosionado, de unas crías indefensas, sin importar que fueran rojos, azules, verdes o bronces cuando rompieran el cascarón.

    —Aunque él y yo hemos tenido ciertos enfrentamientos a nivel personal, eso no ha impedido que haya aprendido a respetarlo. Casi siempre he tenido la impresión de que es un dragón razonable y sabio —prosiguió diciendo Kalec mientras Arygos entornaba los ojos—. Nunca ha hecho ninguna crítica respecto al comportamiento de nuestro vuelo que yo mismo no hubiera hecho.
    —¿De veras? ¿Y eso en qué te convierte, Kalecgos? —replicó Arygos.
    —¡Ya basta! —exclamó Alexstrasza. Si bien no esperaba que aquella reunión fuera a transcurrir sin incidentes, sí esperaba no tener que soportar unas discusiones tan zafias—. ¡Los vuelos ya tienen bastantes enemigos como para que perdamos el tiempo peleándonos entre nosotros! Alamuerte ha regresado y es más poderoso que nunca... prácticamente, ha hecho añicos Azeroth al volver. Ahora cuenta con aliados que no pertenecen a su vuelo: el culto del Martillo del Crepúsculo. Sea lo que sea esa Hora del Crepúsculo de la que habla Ysera, los dragones crepusculares son ciertamente una amenaza mucho más inmediata. El Sagrario Rubí aún se está recuperando de su anterior asalto. Si no encontramos la forma de superar estas insignificantes diferencias que nos separan...
    —¡Asesinaste a mi padre! ¡¿Cómo te atreves a llamar a eso una «insignificante diferencia»?!

A pesar de que a Alexstrasza le costaba mucho enfurecerse, esta vez se acercó al joven dragón y afirmó:

    —¡Ya basta! Todos debemos mirar al futuro. El pasado, pasado está. Ahora corremos serio peligro. ¿Acaso no me has escuchado? ¿Acaso no me entiendes? ¡Alamuerte ha regresado!