Misión en Pandaria - Uno
por Sarah Pine

—… Y justo cuando el tranvía comenzó a subir, ¡ese feo goblin verde saltó sobre mí! —Li Li Cerveza de Trueno retorció los dedos cerca de su cara utilizando su mejor y más exagerada imitación de un goblin gruñendo. Se inclinó hacia el grupo del resto de pandaren, diseminados en la ladera de la colina, deseando que la prestaran atención.

Una joven rodó sobre sí misma y comenzó a roncar estrepitosamente. Comenzó a caer saliva por uno de los extremos de su boca, humedeciendo el blanco pelaje de su mejilla. Otro alzó la cabeza, y los negros anillos que rodeaban sus ojos sobresalieron brevemente por encima de su libro, antes de volver a perderse de vista. Alguien más bostezó sin siquiera disimular. Alrededor de Li Li el aburrimiento era visible en la expresión de todo pandaren lo suficientemente cercano como para escucharla. Incluso su propio hermano, Shisai, la ignoraba de manera decidida, recogiendo briznas de hierba y haciendo nudos con ellas.

—Pero le propiné una patada a ese goblin en todo el pecho, y salió volando del coche y se estrelló contra un muro. ¡Y explotó! ¡Bum!

Alguien tosió.

—Vale, fue su poción lo que explotó —se corrigió Li Li, alzando la voz—, ¡pero fue realmente alucinante!

—Sí, ya lo sabemos, Li Li —dijo un cachorro de manera ausente mientras hacía dibujos en el suelo con el dedo—. Nos lo has contado un chorrillón de veces.

—Chen, ¿por qué no nos cuentas tú una historia? —preguntó otro cachorro.

—¿Eh? —Chen alzó la vista desde donde estaba sentado disponiendo unas jarras de barro sobre un mantel, al lado de las ramas de un gran magnolio. Sus ramas filtraban la luz del atardecer, y formaban doradas manchas sobre un gran grupo de pandaren que estaban haciendo un picnic. En ese cálido día, prácticamente perfecto, casi todos habían decidido pasar el tiempo escalando la mayor ladera de la imponente estructura del Shen-zin Su para disfrutar del sol.

—¡Cuéntanos lo del concurso de bebida contra cuatro enanos en el Pico Nidal!

—¡Eh, que os estaba hablando! —terció Li Li, claramente disgustada—. Cuando estaba en Forjaz conseguí ver al rey Magni, y…

El cachorro tornó sus ojos en blanco. —¡Li Li, vale ya de hablar sobre el rey Magni! ¡Queremos escuchar a Chen!

Li Li resopló, con la mirada llena de odio, y abrió la boca para proceder a la réplica.

—Eh, vamos, Li Li tiene un montón de historias buenas —dijo Chen, intercediendo—. Sea como sea, te equivocas en algo, joven pandowan. —Chen guiñó el ojo a todos los presentes en busca de complicidad—. No eran cuatro enanos. Eran cinco —El resto de cachorros sonrieron en señal de apreciación, pero Li Li frunció el ceño. Chen no pareció darse cuenta, pues prosiguió con su historia—. Y hablando de bebida, estáis consiguiendo que olvide mis modales por completo.

—Siento de veras que la cerveza no sea algo mejor —se disculpó Chen frente a un grupo de pandaren adultos mientras llenaba varias jarras—. Desgraciadamente, en la gran tortuga no hay gran variedad de ingredientes para fabricar cerveza.

—Seguro que está genial, Chen —respondió uno de los mayores, aceptando con gentileza la bebida—. ¡Es genial tener de vuelta a nuestro mayor maestro cervecero! Todos te hemos echado de menos.

—Muchas gracias —respondió con una gran sonrisa.

—¡Chen, vamos, cuéntanos una historia! —gritó un cachorro.

—Un momento. Dejad que termine de servir a vuestros padres. Después, os traeré algo de té y podremos contar historias.

—Una vez casi me come un ogro —dijo Li Li—. Fue terrorífico.

—¡Ya lo sabemos, Li Li! ¿Quieres callarte de una vez? —gritó otro cachorro—. Chen tiene un montón de historias que aún no hemos escuchado.

—¡Bueno, vale! —Li Li alzó los brazos—. Si queréis seguir molestando a mi tío, adelante. —Miró expectante a Chen, esperando que la dejase contar sus historias, pero ya se había ido a otra parte de la colina y estaba absorto en una conversación. Así pues, cambió su estrategia—. O quizás vosotros podríais contarme alguna de vuestras historias. ¿Eh? Sobre todos esos días que habéis pasado recogiendo flores en la montaña y suspendiendo la asignatura de caligrafía... ¡No puede haber nada más emocionante!

Varios cachorros protestaron, furiosos, y se disponían a elevar el tono de la pelea.

—¡Eh, chicos! —interrumpió Chen oportunamente—. ¿Quién quiere té?

Un coro de gritos de "¡Yo! ¡Yo!" respondió al instante, y Li Li se sintió ignorada mientras la oferta de Chen hacía que el resto dejase de prestarle atención. Aprovechó ese momento para marcharse de la ladera. Ya sin que nadie pudiese verla, lanzó un suspiro y dirigió su mirada al cielo. Nubes blancas y orondas se deslizaban perezosamente por él, periódicamente tapando el sol y permitiendo que su luz inundase el paisaje.

Emprendió de nuevo la marcha lentamente, y calmaba su frustración dando patadas a las piedras sueltas en el camino y siguiéndolas con la mirada mientras caían ladera abajo frente a ella. Desde que volvió de sus viajes con Bo, la vida se había ido haciendo cada vez más aburrida. Su padre, Chon Po, había ido alternando sentimientos de alivio y furia al volver a verla, y los extremos de ese tiovivo emocional no habían hecho más que exacerbarse después de que Chen hubiese explicado con detalles la suerte de Bo.

A Li Li le daba un vuelco el corazón cada vez que pensaba en él. Chen no dejaba de repetirle que la muerte de Bo no era culpa suya, y Li Li lo comprendía a un nivel puramente intelectual. Pero la sosegada y cruel voz que había en el interior de su mente no permitía que olvidase que de haber permanecido en la gran tortuga, Shen-zin Su, Bo podría seguir vivo.

***

Li Li returned to the present, away from her guilt, and she realized that she had automatically taken the path toward the Great Library. She gazed at the elegant temple that housed it, and her spirits lifted. The library had always been her place of refuge, where she could go to lose herself in the pages of a book or letter, and doing just that was precisely what she needed right now. She eagerly trotted through the open front doors.

Inside, the comforting, familiar scent of ink and parchment put her at ease. Li Li pulled a thick atlas and a stack of wrinkled, dog-eared letters from the shelves and plopped into an overstuffed chair. Setting the scrolls onto the nearby reading table, she let the book in her lap fall open at random.

The Swamp of Sorrows sprawled across the page, illustrated in elegant green and brown inks. The map was ancient and Li Li knew it practically by heart, having long since copied most of it, and many others, into her personal journal at home. Li Li leaned across the reading table, rifling through the papers she'd left there until she found what she sought.

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The letter from Chen detailed his exploration of the land that had formerly been the southern region of the Swamp of Sorrows, now called the Blasted Lands. In recent times, foul magic had seeped through a rift between worlds and withered the lush growth, leaving only barren red earth in its wake. The text explained that the rift had been opened by an immensely powerful mage named Medivh, who had help from orcs on the other world. The letter did not elaborate on the topic beyond that, and the library held no other mention of the Blasted Lands or Medivh. He must have been born long after the point when Li Li's fellows on Shen-zin Su had abandoned their legacy of daring exploration. Li Li wondered what a modern map of the swamp would look like. Chen's letters were several years outdated, and his return had meant that there wouldn't be any more updates from the outside world.
Halfheartedly Li Li leafed through the letters again, but their words no longer enticed her. They remained static, the ink slowly fading on the fixed records of what Chen had once seen. Li Li knew that beyond their isolated life on the Wandering Isle, the world was still changing without them.She scowled as she stuffed everything back onto the shelves. It felt as though she'd been starved, then sat in front of a banquet only to have it whisked away from beneath her after the first bite. The world was so much bigger and more beautiful than any words or maps could convey, and she had barely scratched its surface. There was nothing for her here on Shen-zin Su.


***

Li Li volvió al presente, y se alejó de su sentimiento de culpa, para darse cuenta de que había tomado el camino hacia El Gran Archivo de manera inconsciente. Admiró el elegante templo que albergaba el archivo, y sintió cómo su alma se elevaba. El archivo siempre había sido su refugio, el lugar al que podía ir a perderse entre las páginas de un libro o una carta, y eso era precisamente lo que necesitaba en ese momento. Ansiosa, comenzó a aligerar su paso mientras atravesaba la puerta principal.

En el interior, el familiar y reconfortante olor a tinta y pergamino la tranquilizó. Li Li cogió de la estantería un voluminoso atlas y un montón de cartas arrugadas y manoseadas y las dejó caer sobre una silla con un grueso acolchado. Mientras colocaba los pergaminos sobre la mesa de lectura más cercana, dejó que el libro que tenía sobre su regazo se abriese al azar.

El Pantano de las Penas apareció en la página, ilustrado con elegantes tintas verdes y marrones. El mapa era antiguo, y Li Li se lo sabía prácticamente de memoria, pues tiempo atrás lo había copiado casi por completo, al igual que otros muchos, en su diario personal en casa. Li Li se inclinó sobre la mesa de lectura, y revolvió los papeles que había dejado en ella hasta que encontró lo que buscaba.

La carta de Chen detallaba las labores de exploración que había llevado a cabo sobre el terreno que anteriormente conformaba la región austral del Pantano de las Penas, ahora conocida como Las Tierras Devastadas. Recientemente, una oscura magia se había filtrado a través de una brecha entre dos mundos y había marchitado la exuberante vegetación, dejando a su paso únicamente una rojiza y desolada tierra. El texto explicaba que la brecha la abrió un mago inmensamente poderoso llamado Medivh, quien contaba con la ayuda de los orcos en el otro mundo. La carta no decía nada más sobre el asunto, y en el archivo no había ninguna otra mención acerca de Las Tierras Devastadas o de Medivh. Debió de nacer mucho después de que los congéneres de Li Li, a bordo de Shen-zin Su, dejasen su legado de intrépida exploración. Li Li se preguntaba cómo sería un mapa moderno del pantano. Las cartas de Chen hacía años que se quedaron anticuadas, y su regreso implicaba que no pudiese tener acceso a posteriores actualizaciones provenientes del mundo exterior.

Ya con poco entusiasmo, Li Li hojeó de nuevo las cartas, pero las palabras que contenían habían dejado de provocar atracción alguna en ella. Permanecían estáticas, y la tinta se desvanecía poco a poco de los registros de lo que Chen presenció en otro tiempo. Li Li sabía que más allá de su aislada existencia en La Isla Errante, el mundo seguía cambiando sin su concurso.

Frunció el ceño mientras volvía a colocar todo en las estanterías. Sentía como si tras sufrir un hambre agónica y, al tomar asiento frente a un banquete, alguien lo hubiese hecho desaparecer después del primer bocado. El mundo era mucho mayor y mucho más bello de lo que las palabras o los mapas jamás podrían expresar, y ella apenas había rascado la superficie. Ya no había nada para ella en Shen-zin Su.

***

—¡Hoy tenemos una verdadera delicia! Sopa de espinacas y zanahoria con caldo de pollo, pescado al vapor con especias y, por supuesto, arroz —anunció con alegría Chon Po a Li Li, Shisai y Chen mientras colocaba la cena sobre la mesa—. Sobre todo, decidme qué os parece la sopa: es una nueva receta.

—Parece delicioso, Po —dijo Chen—. Gracias por invitarme.

Chon Po observó con orgullo sus creaciones culinarias para la cena y tomo asiento en la mesa. —¿Os lo habéis pasado todos bien? —preguntó—. Hacía un tiempo estupendo. Ojalá hubiese podido ir al picnic.

—Sabemos que estás ocupado, papá —respondió Shisai mientras se servía un plato de pescado—. La verdad es que nos lo hemos pasado muy bien.

—Bah, no ha estado mal —dijo Li Li encogiéndose de hombros.

Shisai tornó sus ojos en blanco. —Lo que pasa es que estás enfadada porque nadie quería oír tus historias —dijo con tono de burla—. Las de Chen son mucho mejores. ¿A que sí, tío Chen?

—Eh… —balbuceó Chen mientras se ponía algo de sopa. Li Li no dejaba de mirar a su hermano mientras introducía con furia cucharadas de arroz en la boca.

—¡El tío Chen nos ha contado aquella vez en la que estuvo a punto de matar a Rexxar, el gran maestro de bestias! —continuó Shisai, ignorando por completo lo incómodo de la situación para Chen y Li Li.

—¿Qué? —Las cejas de Chon Po se elevaron tanto que casi llegaron hasta donde comenzaba su cabello—. Diría que es una cosa demasiado violenta como para contársela a un niño, Chen.

—Eh... Bueno, yo creo que estás exagerando un poco, Po —Chen comenzó a rascarse la nuca—. De hecho, de eso va la historia. Lo que pasó es que bebió parte de mi cerveza, ¡y era tan fuerte que me acusó de intentar matarlo! —Lanzó una carcajada algo torpe—. ¿Lo ves? Es… Es gracioso…

Chon Po seguía con una expresión pétrea en el rostro.

—¡Pero así no es como terminaba! —insistió Shisai—. ¿No fuisteis los dos a Theramore para luchar contra el almirante Valiente y…?

—¡Basta! —interrumpió Chon Po a su hijo. Po lanzó una mirada furiosa a su hermano—. ¡Chen, tienes que pensar en el ejemplo que les estás dando! ¡Mira lo que le pasó a Li Li cuando lo único de lo que hablaba eran esas cartas!

—No me pasó nada, papá —murmuró Li Li—. No sé si lo sabes, pero estoy aquí. Y puedo oírte.

—Ese tipo de cosas trae consecuencias, Chen.

—¡Eh, mírame! ¡Ah, espera, no puedes, porque soy Li Li Cerveza de Trueno, la pandaren mágica invisible!

—Li Li no habría pensado en esas tonterías ella sola —continuó Chon Po—; no sin…

—¿Tonterías? ¿Pero de qué hablas? ¡No son tonterías! ¡Hay todo un mundo ahí fuera, pero todos los apestosos pandaren de esta isla flotante están demasiado ocupados escondiendo sus gordas cabezas bajo un caparazón, como hace Shen-zin Su durante una tormenta, para darse cuenta de ello!

—Os fandaren no tienen cafarazón, Li Li —masculló Shisai con la boca llena de comida.

—Es una metáfora, bobo.

—¡No hables con la boca llena, Shisai! ¡Y tú no insultes a tu hermano, Li Li!

Li Li echó un vistazo a su padre y a su hermano. —No puedo creer que ni siquiera tengáis un mínimo de curiosidad. ¿Qué hay del resto de la gente que vive en el mundo? ¿Y de sus ciudades, de sus tierras?
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—Si eso significa estar a punto de ser devorado por un ogro como nos contaste, Li Li, a mí no me interesa —dijo Shisai mientras comía estruendosamente—. Las historias del tío Chen son fenomenales y todo eso, pero…

—Oye, este pescado está exquisito, Po. ¡Muchas gracias por la cena! —dijo Chen a gritos.

—¿Devorado por un ogro? —Chon Po se incorporó de un salto—. ¿Te estás inventando cosas para asustar a tu hermano? —Se abalanzó hacia delante mirando fijamente a su hija.

—¡No! —gritó Li Li, indignada— ¡No me estoy inventando nada! Bueno, quiero decir… Ese ogro me capturó, ya te lo dije, pero a lo mejor "devorar" fue una minúscula exageración…

—¡BASTA! —rugió Chon Po— ¡Escúchate! ¡Primero vienes diciéndonos que no te ha "pasado nada", y después casualmente nos cuentas que un ogro te capturó! ¿Y todavía tienes la desfachatez de relatar las bondades del mundo exterior? ¿Es que no has aprendido nada de la muerte de Bo?

Todos, incluido Shisai, se quedaron de piedra. Li Li agachó la cabeza y contempló su plato, entrecerrando los ojos mientras un agudo sentimiento de culpabilidad le atravesaba el corazón.

—Eso no fue culpa suya, Po —dijo Chen con tranquilidad.

—No —reconoció Chon Po con la mirada fija en Li Li—, pero si no hubiese huido, jamás habría pasado.

En los ojos de Li Li comenzaron a asomar varias lágrimas. ¿Cuántas veces había pensado eso ella? Apretó los dientes con furia, humillada. No voy a llorar. No voy a llorar. No voy a…

—Chon Po, ¿acaso no fuiste tú quien mandó a Bo que siguiese a Li Li?

—¿Qué pretendes decir, Chen?
—¿Devorado por un ogro? —Chon Po se incorporó de un salto—. ¿Te estás inventando cosas para asustar a tu hermano? —Se abalanzó hacia delante mirando fijamente a su hija.

Chen lanzó un suspiro. —Únicamente que hablar sobre futuribles es una pérdida de tiempo. Li Li no podía predecir el futuro, ni tú tampoco.

—¿Estás seguro de que yo tampoco? —Chon Po dirigió su rabia contra su hermano—. ¿Crees que alguna vez le ha pasado algo parecido a alguno de los que estamos en Shen-zin Su? Nuestro hogar es el más seguro de…

—Sí —interrumpió con firmeza Chen—. A Xiu Li.

La mención de la madre de Li Li y Shisai hizo que el ambiente en la mesa se volviese aún más incómodo. Chon Po inclinó la cabeza, a punto de empezar a temblar por la rabia.

—Y —prosiguió Chen sin suavizar el tono— Wanyo lleva desaparecido mucho tiempo. Es probable que también esté muerto.

—Espero —gruñó Chon Po, mientras dirigía su mirada a Chen— que me expliques qué es lo que intentas decir con eso.

—Los barcos de pesca se hacen a la mar. Y no todos vuelven. Como Wanyo, como… como tu mujer, o tantos otros nuestros, Po. Siempre va a haber riesgos, da igual dónde vivas. Es algo que no puedes controlar.

Pausada y silenciosamente, Chon Po retomó su asiento, indudablemente furioso.

—Papá —se atrevió a decir Li Li—, yo quiero ver mundo. Tendré cuidado…

—¡Por el mero hecho de pensarlo eres una boba! —Chon Po propinó un sonoro puñetazo sobre la mesa que provocó que todos los platos de cerámica se tambaleasen—. El mundo es un lugar peligroso, como tu querido tío Chen ha tenido a bien recordarnos. No eres más que una niña. ¿Quieres acabar como Bo? ¿O como tu madre?

—¡Chon Po! —Lo reprendió Chen con dureza, pero para cuando las palabras abandonaron su boca, Li Li ya había salido corriendo de la habitación, conteniendo las lágrimas. Escucharon un sonoro portazo en el piso de arriba.

Chen miró sin alterarse a Chon Po al otro lado de la mesa, quien cruzó los brazos de manera desafiante. La postura terca en su mandíbula prácticamente retaba a Chen a enfrentarse a él.

—¿Te parece que hablemos, querido hermano? —preguntó Chen de la manera más amable que pudo, mientras realizaba un gesto hacia la cocina, más aislada.

—De acuerdo. —Chon Po se incorporó de mala gana y se dirigió a la otra estancia; Chen lo seguía de cerca.

Ya solo en la mesa, Shisai pescó un trozo de zanahoria de su sopa y comenzó a masticar lentamente. Echó un vistazo a la cocina, después a la escalera, y tragó.

—Menuda situación —dijo para toda la habitación, y a continuación se volvió a servir.

***

Chen casi empujó a Chon Po a través de la puerta trasera hacia el porche cubierto que había en la parte posterior de la casa. —Estás siendo totalmente injusto con Li Li —dijo—. No es nada malo que quiera viajar.

—¡Es peligroso! —replicó bruscamente Chon Po—. ¡Mucho más que quedarse aquí, por mucho que digas! Puede que Xiu Li y Wanyo ya no estén entre nosotros, pero fueron accidentes. ¡A Bo lo mataron! ¿Quieres que le pase lo mismo a Li Li?

—¡Deja de mencionar eso como si fuese inevitable! ¡Ella no pudo haberlo previsto! ¡Esa gente estaba buscando la Perla de Pandaria, o lo que creyesen que Wanyo había encontrado, y pensaron que Li Li sabría dónde estaba simplemente por ser una pandaren! En cuanto al orco, a quien buscaba era a mí, y si hubiese encontrado yo antes a Bo y a Li Li…

—Lo único que demuestra tu historia es que, para nuestros enemigos, cualquier pandaren vale. —Chon Po caminaba de un lado a otro bajo la luz del farol que colgaba fuera, su luz naranja aumentaba la expresión de furia de su rostro—. ¡Li Li está más segura aquí que en cualquier otro lugar!

Chen sacudió la cabeza.
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—No puedes obligarla a que se quede si no quiere; ya te lo ha demostrado una vez. No puedes protegerla siempre, y cuanto más lo intentes, menos vas a conseguirlo.

—¡Bueno, supongo que tú sabes criar a mis hijos mejor que yo! —dijo burlonamente Chon Po.

—No, Chon Po, lo único que digo es que sé cómo se siente. Nada de lo que hubiesen dicho o hecho papá y mamá cuando yo tenía su edad habría cambiado lo que pensaba, así que ¿qué te hace pensar que tú puedas hacer algo para cambiar su parecer? Ella tomará sus propias decisiones.

—Sus propias decisiones equivocadas. Como correr hacia el peligro de manera insensata, abandonar a su familia, evadir sus responsabilidades. —Chon Po comenzó a ordenar la lista de los pecados de Li Li con sus dedos, uno por uno—… Obligándonos a confiar tan solo en cartas esporádicas para saber si está viva o muerta…

Chen frunció el ceño.

—Sin sentar nunca la cabeza ni formar una familia propia...

—Po, ¿cómo sabes que no lo hará algún día? —preguntó Chen, perplejo.

Daba la impresión de que Chon Po no lo había escuchado.

—Sin siquiera dignarse a venir a la boda de su propio hermano…

—¿Qué? ¿Con quién se va a casar Shisai? Lo que dices no tiene ningún sentido… Chen dejó de hablar a mitad de la frase cuando se percató de lo que ocurría. Llevó su mirada más allá de la verja del porche, hacia la noche, con su mente de repente en blanco mientras varias cosas comenzaban a conectar. Ajeno a todo ello, Chon Po seguía enumerando las faltas que creía haber cometido Li Li.

—Todo esto es realmente por mí —dijo suavemente Chen—. ¿Verdad, Chon Po?

Chon Po se quedó en silencio de repente, de piedra, incapaz de mirar a los ojos a Chen. Los momentos transcurrían de manera agónica mientras Chen se preparaba para un aluvión de críticas que su hermano había ido acumulando durante años.

—Esta conversación termina aquí.

Chon Po volvió de manera airada al interior de la casa y dio un portazo al entrar.

***

A Li Li no le fue fácil conciliar el sueño aquella noche. No dejaba de revolverse y dar vueltas en la cama; cada una de las hirientes palabras de su padre hostigaba implacablemente su conciencia. Al final, cuando el iluminado cielo anunciaba la llegada del alba, se dio por vencida, salió de la cama y se vistió.

En su vestidor colgaba una pequeña vasija de cera, parecida a las que una vez Bo rellenó de agua y colgó de los extremos de los bastones de entrenamiento que ella utilizaba para practicar su equilibrio y sus posturas. La puso entre sus manos, sintiendo su familiar peso, y la introdujo en su fajín mientras se escabullía fuera de casa.

A esa hora Shen-zin Su estaba tan quieto que Li Li pensó que podría escuchar cómo caían las gotas de rocío bajo sus pies. Con esa trémula luz, las telarañas se extendían entre las ramas de los árboles como si de cordones quebradizos y brillantes se tratara. Mientras Li Li caminaba, se iba agachando para recoger pequeños puñados de flores coloridas de entre las grietas de los adoquines, e iba juntándolas en dos ramos irregulares.

Al final de la senda, protegida por muros y por el orgulloso guardián león, se alzaba glorioso ante ella El Bosque de Bastones. Cualquier pandaren que desease entrar a la preciosa arboleda debía derrotar al guardián en un combate, algo que Li Li había logrado años atrás. El guardián inclinó la cabeza hacia ella, y Li Li le devolvió la reverencia respetuosamente mientras él se hacía a un lado para dejarla pasar. Había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que Li Li estuvo en el bosque, pero este se mostraba tan impecable como siempre, gracias a los meticulosos cuidados de un verdadero ejército de jardineros. Poco después del amanecer, estos llegaban para quitar cualquier tipo de suciedad que hubiese aterrizado durante la noche en los santuarios, pero en ese momento estaba sola, y se alegraba de ello.

Xiu Li, la madre de Li Li y Shisai, se había ahogado en un accidente mientras pescaba cuando ellos eran casi bebés recién nacidos. Li Li no guardaba demasiados recuerdos de su madre, y aunque rara vez sentía esa pérdida de manera directa, había momentos en los que su falta le causaba dolor. Se arrodilló frente al santuario familiar de los Cerveza de Trueno, y dejó uno de los pequeños ramos sobre el altar.

—Mamá, te echo mucho de menos. —El aliento de Li Li podía verse a través de la brisa matutina—. Papá no lo entiende; jamás lo hará. Y el tío Chen no quiere que papá se enfade. —En ese momento dudó, casi con miedo de hablar en voz alta pese a que en la arboleda no había ni un alma—. Tú lo entenderías, ¿verdad, mamá? No puedo quedarme aquí para siempre. No puedo.

Li Li se sentó sobre el césped y se abrazó los muslos contra el pecho. Inclinó la cabeza contra las rodillas, contemplativa, escuchando cómo los pájaros entonaban sus primeras canciones de la mañana desde las ramas del gran árbol que había en la cima de la colina. Antes de que sus piernas se entumecieran, se incorporó, mostró sus respetos una última vez, y prosiguió a través de las hileras de monumentos hasta su siguiente destino.

El santuario de la familia de Bo estaba en lo alto de la colina, bajo las preciosas ramas extendidas de un árbol. A Li Li se le comenzó a formar un nudo en la garganta cuando las palabras de su padre volvieron a su cabeza con dolorosa claridad.

¿Es que no has aprendido nada de la muerte de Bo?

Colocó la pequeña vasija de cera frente al santuario e introdujo el segundo ramo de flores en ella, para después volver a arrodillarse.

—Si pudiese traerte de vuelta, Bo, lo haría. O habría hecho algo distinto. Habría ido a otro lugar en el que esa horrible naga y su bestia orca no hubieran podido encontrarnos.

—Pero no renunciaría a marcharme.

Tras admitirlo, una lágrima rodó por la mejilla de Li Li, humedeciendo su pelaje.

—Tenía que hacerlo. Si me quedo aquí, me volveré loca. Puede que eso me convierta en mala persona. Papá parece pensarlo. Pero temo más lo que me pasaría si intentase quedarme que lo que me pueda suceder fuera. Espero que no te tomes esto como un desprecio hacia tu memoria, Bo. Solo quiero hacer lo que es correcto para mí. Lo siento mucho. —Las palabras se le atragantaban en la garganta—. Nunca quise que nadie resultara herido. —Inclinó la cabeza tal y como lo había hecho en el santuario de su madre, y pronunció una oración por los caídos.

—Te deseo que encuentres la paz —concluyó, y acto seguido se incorporó. Llevó su mirada hacia el cielo, de un dorado rosáceo, en el que asomaba ya por el horizonte el azafranado aro solar. Li Li se sacudió el dobladillo del vestido y se quedó contemplando sus pies. Aún le dolía el corazón, y no tenía ningún deseo de volver a casa. Aún era temprano, pero probablemente Chen ya estaría despierto.

***

Abrió la puerta a la cuarta llamada.

—¿Li Li? —dijo parpadeando por la sorpresa—. ¡Entra! Deja que te prepare algo de desayuno.

Li Li lo siguió a la pequeña cabaña y se sentó a la mesa de la cocina mientras él se ocupaba de la comida.

—Perdona por molestarte tan temprano, tío Chen.

—¡No te preocupes! —gritó, con su voz amortiguada por la puerta de un armario—. Estaba preparando mi último proyecto de cerveza. Desgraciadamente por aquí no hay demasiada variedad, pero veremos qué tal sale.

Li Li se sentó en silencio, jugando con las mangas de su vestido mientras Chen preparaba unas gachas en el hornillo.

—¿Sigues disgustada por lo de anoche? —preguntó Chen mientras revolvía las gachas con un largo palo de madera.

—Nunca quise que le pasase nada a Bo —murmuró a la vez que clavaba la mirada en la mesa.

—Lo sé, Li Li. Tu padre también lo sabe. Es solo que es un poco...

—… Cretino —gruñó Li Li.

—… Testarudo —replicó Chen diplomáticamente, mientras pensaba en su propia conversación con Chon Po en el porche.

—No me gusta llevarle la contraria a mi padre —admitió Li Li mientras Chen colocaba un bol frente a ella y tomaba asiento al otro lado de la mesa—. Pero aquí no estoy a gusto. Además —dijo elevando el tono de voz—, ¡la vida es aventura! O, bueno, eso es lo que debería ser. Pero no lo es —titubeó e introdujo la cuchara en su desayuno—. Al menos aquí no.

Chen le dio una palmadita en el hombro. —Lo sé, Li Li.

—Ven conmigo, tío Chen.

—¿Qué?

—¿Recuerdas lo que hablábamos acerca de vivir juntos nuestras propias aventuras? ¡Hagámoslo! Yo estaría a salvo a tu lado; papá lo sabe. ¡Vamos a ver mundo!

Chen abrió la boca, y después dudó. La entusiasmada mirada de Li Li escudriñó su rostro, pero según pasaban los segundos se dio cuenta de que no recibiría la respuesta que esperaba.

—Crees que papá tiene razón, ¿verdad?

—No es eso —dijo Chen—. Yo creo que ambos tenéis buenas razones. Pero en cuanto a mí. —Echó un vistazo a su pequeña casa: las sartenes que colgaban encima del horno; las estanterías llenas de platos, pergaminos y adornos; los cómodos muebles… y esbozó una sonrisa—… Yo soy feliz aquí. Me he pasado gran parte de mi vida en la carretera, sin casa propia. Esto es nuevo. Para mí, esto es una aventura.

—Dime que estás de broma. —Li Li tragó una cucharada de sus gachas y acto seguido apartó el bol, aún medio lleno. Tenía enfrente a la única persona que decía comprenderla, y estaba tirando la toalla. Aquello era un acto de traición.

***

—Sé que tú no ves las cosas como yo, Li Li. Todavía eres muy joven…

—Uff, ahora sí que suenas como papá. ¿Desde cuándo el gran aventurero Chen Cerveza de Trueno es tan rematadamente aburrido? —lanzó esas últimas palabras a modo de acusación.

—Las cosas cambian, Li Li —Todo su comportamiento irradiaba una exasperante calma—. Ya he tenido mi dosis de viajes. Estoy preparado para algo diferente.

—Bueno, yo no he tenido la mía —le recriminó—, y si tú y papá os salís con la vuestra, ¡nunca la tendré! ¡Me limitaré a hacerme cada vez más vieja, y me dedicaré a hacer té y a hablar del tiempo, y nada en mi vida habrá merecido la pena!

—Li Li, sabes que eso no es cierto.

—No me dirijas la palabra. ¡Estás de su parte! —Li Li se levantó de la mesa con un salto, y abandonó la casa como alma que lleva el diablo. Chen apoyó la mejilla contra la palma de su mano, y esbozó una media sonrisa mientras observaba su marcha.

—Ah, los Cerveza de Trueno —se dijo a sí mismo—… Siempre seremos una panda de cabezotas.

***

Plonc. La piedra golpeó la superficie del océano con una fuerte salpicadura. Plonc. Plonc. Plonc. Lanzó más al agua, pero la satisfacción que traían era efímera. Derrotada, se sentó enrabietada.

Era uno de sus lugares favoritos de todo Shen-zin Su. Justo en la parte frontal del caparazón, Li Li podía suspender sus piernas sobre el lugar en el que el ancho tramo de cuello desaparecía en el agua y contemplar la distante línea azul grisácea del horizonte, donde el mar se confundía con el cielo. Tiempo atrás, el famoso viajero Liu Lang había fundado el asentamiento de Shen-zin Su para llevar a los más valientes e intrépidos de los pandaren por todo Azeroth en busca de aventuras y conocimiento. Sin embargo, hacía ya mucho que la curiosidad se había tornado complacencia, dejando esos días perdidos en los anales de la historia.

—Odio esto —sentenció Li Li—. Cuando viajaba, antes de que Bo y yo nos metiéramos en líos, todo estaba bien. Si me quedo atrapada aquí no conseguiré nunca nada. Eh… No pretendo ofenderte, Shen-zin Su. —Li Li dio una reconfortante palmadita al borde del caparazón de la tortuga—. ¡Pero hay tanto que ver y que hacer allá afuera!

—Tras ver Ventormenta y Forjaz… Nunca habría sido capaz de imaginármelas, ni con todos los mapas o cartas del mundo. ¡El rey Magni fue tan amable conmigo! Me mostró su hogar. Ojalá hubiese tenido algo que mostrarle, pero no tengo nada. Chen ha decidido que esta es su casa. Bien por él. Lo siento, Shen-zin Su. Te quiero, pero nunca he sentido que este fuese realmente mi hogar. ¿Habrá algún lugar al que pueda llamar "hogar"?

Li Li no esperaba realmente respuesta a su pregunta, así que cuando escuchó el estruendo y observó las burbujas que la gran tortuga formó en el océano frente a ella, se quedó de piedra por un instante. Por un breve espacio de tiempo se preguntó si esos ruidos de Shen-zin Su habían sido un verdadero intento de comunicación, antes de llegar a la conclusión de que se trataba de una simple coincidencia.

—No sabes cuánto me gustaría hablar contigo —suspiró Li Li—. Probablemente serías de más ayuda que mi familia. —Desalentada, dejó caer la barbilla contra el pecho y cruzó las manos sobre su regazo.

La tierra que había bajo ella comenzó a temblar con violencia, lo que provocó que Li Li cayese de lado y se hiriese en el hombro. Asustada, Li Li intentó sentarse de nuevo, pero la gran tortuga volvió a estremecerse y la tiró boca arriba. Li Li se acurrucó en el suelo con el corazón a mil por hora, mientras Shen-zin Su cabeceaba y se balanceaba como un barco en plena tormenta. Li Li salió catapultada hacia delante, hasta el extremo del caparazón, y buscó desesperadamente un lugar al que agarrarse, en su lucha por encontrar algo de estabilidad. Bajo ella, el agua se iba abriendo lentamente, y caía en cascadas desde el poderoso cuello de Shen-zin Su mientras la tortuga elevaba su enorme cabeza.

Li Li sintió que la tortuga se comportaba como un yak a punto de saltar una valla. Un gran rugido comenzó a surgir desde la parte posterior de la garganta. Ella, más que oírlo, pudo sentirlo, pues hacía que sus oídos vibrasen. Con un gran estallido de fuerza, Shen-zin Su... tosió.

Eso es lo que habría jurado Li Li que había sucedido. La gran tortuga emitió un sonido similar al de una sirena de barco, y el repentino movimiento la volvió a colocar con violencia sobre el caparazón. Se golpeó la cabeza contra el suelo, por lo que su visión se volvió borrosa. Mientras se apretaba con fuerza la sien, finalmente consiguió rodar lejos del borde. Las sacudidas comenzaron a aminorar, convirtiéndose en un balanceo fuerte, y por último Shen-zin Su se calmó.

Li Li se irguió con cuidado apoyándose en los brazos, en previsión de otro terremoto. Se pasó la mano por el lugar en el que se había golpeado la cabeza. Sintió cómo palpitaba por el dolor, y sabía que para la noche tendría un buen chichón. Con una mueca de dolor, se preguntaba qué podría haber desatado ese extraño comportamiento por parte de la tortuga. ¿Se habría tragado Shen-zin Su una ballena por accidente?

Dirigió la mirada al agua mientras se masajeaba la cabeza suavemente. Varios remolinos blanquecinos rodeaban a Shen-zin Su, una prueba de que al menos todo lo que había sucedido no era producto de su imaginación. Se incorporó con cuidado, con la visión aún borrosa.

Li Li parpadeó, pues no se creía lo que estaba viendo. En el mar, una mancha blanca en concreto sobresalía entre el resto. Era demasiado regular para ser la parte superior de una ola; en lugar de eso, se asemejaba bastante a la vela de un pequeño barco pesquero. Li Li forzó la vista, intentando vislumbrar mejor lo que tenía frente a ella. Estaba en lo cierto. El barco se balanceaba mientras surcaba la superficie del agua, con varias marcas pandaren claramente visibles en la proa.

La embarcación se iba aproximando con lentitud. El mástil estaba roto y una parte de la vela se arrastraba baldíamente, por lo que el patrón impulsaba hacia delante su ajado navío con ayuda de un remo. Cuando quedaba más o menos una docena de metros para la orilla, se incorporó y se colocó el deshilachado sombrero de paja en la cabeza. No dejaba de saludar de manera entusiasta, llamando a Li Li desde el agua.

—¡Buenas! Sé que sonará raro, pero ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vi el sol en condiciones. ¡El cielo está azulísimo! ¡Y todo huele muy fresco, no se parece en nada al olor del pescado!

Tales afirmaciones dejaron a Li Li sin palabras. Frunció el ceño, perpleja, y observó en silencio cómo el barco recorría los últimos metros que lo separaban de la orilla y tocaba tierra con un ligero crujido. El pescador saltó con energía desde la borda y volvió a saludar, sonriendo de oreja a oreja. Li Li estaba boquiabierta ante lo que veía. Incluso olvidó momentáneamente el dolor por el golpe que se había llevado en la sien.

Wanyo, el pescador desaparecido tiempo ha, había vuelto.

***

—¿En serio has estado dentro de Shen-zin Su todo este tiempo?

—¡Síp! —respondió Wanyo alegremente—. Me engulló. Nunca sentí la necesidad de salir.

Li Li presionó la oreja firmemente contra la puerta (un poco demasiado firmemente) y lanzó una mueca de dolor por la reciente contusión de su cabeza. Reticente, se apartó un poco. No sería capaz de escuchar toda la conversación de los mayores con Wanyo, pero era mejor que provocarse a sí misma un dolor de cabeza aún peor. A través de las tablas de madera de la puerta Li Li escuchó a alguien haciendo un ruido similar a un chasquido, y se imaginaba a los rechonchos y viejos pandaren estrechándose la mano. Contuvo la risa.

—Bueno, al margen de eso —Li Li reconocía la inconfundible voz de su abuela— está la cuestión de qué hacer con lo que has traído de vuelta.

—No lo sé, la verdad —Li Li casi podía escuchar a Wanyo encogerse de hombros—. Puede que sea algún tipo de bola de cristal. Siempre me mostró dónde encontrar la mejor pesca, la cual resultó estar justo donde estaba: ¡la tortuga! Comenzó a reírse a carcajadas.

Otra persona murmuró algo que Li Li no pudo comprender del todo, pero pensaba que debía ser algo malo, a juzgar por los resoplidos y los sonidos que provocó.

—No se parece en nada a una bola de cristal ni a cualquier otro artefacto mágico que haya visto. —Esa voz pertenecía a Chon Po, y Li Li se puso algo tensa, le latía el corazón a toda velocidad contra las costillas. Se pondría furioso si la pillaba escuchando la reunión a escondidas.

El siguiente en hablar fue Chen.

—Si tuviese que decir algo, diría que parece una perla gigante. —Había cierta intención en sus palabras, y Li Li estaba segura de que sabía en qué estaba pensando su tío: la llamada Perla de Pandaria, el objeto que la sirena naga Zhahara afirmó que estaba en posesión de Wanyo. ¿Estaría en lo cierto?

—Lo conseguí gracias a un múrloc, ¿os lo podéis creer? —Wanyo volvió a reírse—. Si es una perla seguro que es mágica, porque jamás he visto una que te indique dónde conseguir la mejor pesca. —Realizó una pausa—. Además, ¿por qué si no habría aparecido esa naga loca en cuanto me hice con ella?

Los ojos de Li Li se abrieron de par en par. Esa tenía que ser Zhahara.

—¿Una naga loca? —preguntó Chon Po—. Li Li me dijo en una ocasión algo similar. ¿Podrías explicarte mejor, Wanyo?

—Era de noche, y yo estaba en alta mar. Capturé al múrloc que tenía la perla con mis redes de pesca. El pobrecillo estaba en las últimas; me entregó esa cosa. En cuanto la cogí, apareció esa naga del agua y me lanzó un rayo… ¡Y me rompió el mástil! Me puse en marcha, con la ayuda de mis propios amigos oceánicos. Un gran pez me ayudó a escapar. Supongo que sería uno de los pequeños que solté hace años; ¡me estaría devolviendo el favor!

—¿Y ahí fue cuando Shen-zin Su te engulló? —Esa era la voz de Chen.

—Sí. Ni me estaba fijando hacia dónde me dirigía, solo esperaba dejar atrás a esa bruja con escamas. Antes de que me diese cuenta, el pez se escabulló y me vi frente a frente con la gran tortuga, la cual no se detuvo en absoluto y me tragó al instante.

—Tengo una última pregunta, Wanyo —dijo Chon Po—. ¿Por qué decidiste dejar tu, eh... zona de pesca hoy, después de tanto tiempo?

—La perla me dijo que lo hiciera.

—¿Qué?

—La examiné esta mañana cuando me levanté, como siempre había hecho. Y en vez de mostrarme pescando me mostró el camino de vuelta a la ciudad. Supuse que era el momento de marcharse, así que me subí al barco y Shen-zin Su me escupió.

Chon Po lanzó un suspiro tan fuerte que Li Li pudo escucharlo con claridad a través de la puerta. —De acuerdo, Wanyo. Supongo que eso es todo. Llegado el momento tendremos que averiguar qué es esa cosa. Por ahora yo diría que lo mejor será guardarla en El Gran Archivo. ¿Estáis todos de acuerdo?

***

Un murmullo general de aprobación siguió a la pregunta de Chon Po, y los mayores comenzaron a discutir sobre asuntos más mundanos.

Li Li se alejó rápidamente de la puerta y salió a toda prisa, para agacharse junto a un seto hasta que se alejó del Templo de los Cinco Albores. Su mente iba a toda prisa, analizando lo que había escuchado. Esa enorme perla mágica... ¿Era la Perla de Pandaria? Li Li se sentó frente a un árbol y comenzó a darse pequeños golpes en la barbilla con el dedo. Zhahara había afirmado que la perla era un artefacto antiguo y poderoso. Li Li habría jurado que era un mito, al igual que su padre y Chen. Pero ahora…

Las sombras comenzaron a alargarse en la hierba que se encontraba a su espalda. Li Li se incorporó de un salto y corrió hacia su casa. Su padre no debía sospechar nada, así que tendría que actuar de manera normal, pero su mente estaba desbordante de ideas.

***

Más tarde esa misma noche, Li Li bajó silenciosamente las escaleras de su casa. Pasó de puntillas por el salón y cerró la puerta delantera después de salir. Lo único importante era llegar hasta la perla. Tenía que verla por sí misma.

Oficialmente, El Gran Archivo no cerraba nunca, y los pequeños faroles mágicos a lo largo del pasillo se encendieron servicialmente mientras Li Li aceleraba el paso. Supuso que la perla estaría expuesta junto a las mejores colecciones del archivo, y encaminó su marcha hacia la sala de exposiciones.

Efectivamente, la perla se encontraba sobre un pedestal de madera en medio de la sala, protegida por un revestimiento de cristal. Li Li lo elevó con cuidado y lo puso a un lado.

La perla era mayor de lo que se esperaba Li Li, casi tan grande como un melón. Su brillo opalescente reflejaba la tenue luz en un caleidoscopio de arcoíris de tonos pastel apagados. Li Li no podía apartar la mirada de ella, embelesada por su belleza única. Incapaz de resistir, colocó las manos con delicadeza a ambos lados y la sostuvo cerca de su rostro. La perla tenía un tacto cálido, y emitía un leve zumbido con energía propia. No había duda: tal y como Wanyo afirmaba, aquella cosa era mágica.

—Le mostraste a Wanyo dónde pescar —susurró a la perla—, ¿qué me puedes mostrar a mí?

Como si hubiese pronunciado las palabras mágicas, la perla comenzó a brillar suavemente, y los colores reflejados en la superficie se arremolinaron en un gran vórtice con forma de torbellino. Li Li comenzó a sentir cómo los párpados le pesaban cada vez más, y acabaron por derrumbarse. Cuando los abrió de nuevo, se encontró rodeada por una espesa niebla oscura, sin la perla, y con una sensación extraña a medio camino entre la vigilia y el sueño. ¿Era real?

La niebla comenzó a disiparse, dejando paso a una vista general de ondulados pastos verdes cubiertos por bellos árboles con flores rosas. Li Li estaba flotando en el aire, totalmente convencida de que acabaría cayendo al suelo, pero eso no fue lo que sucedió. Poco a poco se fue calmando, y giró la cabeza a ambos lados. El corazón le palpitaba de emoción: la perla le otorgaba una visión.

El escenario cambió, y se centró en una bulliciosa ciudad, con sus calles repletas de pandaren que vendían sus artículos y se ocupaban de sus quehaceres diarios. Li Li frunció el ceño; no reconocía nada ni a nadie. En cuanto a la arquitectura, los edificios se parecían a los que había sobre Shen-zin Su, pero algo fallaba. Los caminos, el paisaje, todo estaba mal. Eran parecidos, pero no estaba bien.

La visión siguió cambiando. Unos enormes y densos bosques de cipreses y coníferas cubrían las laderas de varias montañas cuyas nevadas cimas se alzaban hasta el cielo. Gaviotas y serretas aceleraban el paso junto a la arenosa costa en la que la tierra se abrazaba al mar. Por todos lados, Li Li observaba señales indiscutiblemente pertenecientes a su pueblo: desde grandes templos sobre laderas de colinas a los característicos indicadores presentes a lo largo de los senderos. Ese sitio, fuese lo que fuese, había sido el hogar de los pandaren durante un período realmente prolongado.

Li Li flotó lentamente hacia delante, y la niebla plateada, procedente del mar, se extendía por la parte central de la región y se espesaba hasta oscurecer por completo la tierra bajo ella. Suspendida en el cielo, Li Li podía ver el sol poniéndose en el horizonte, lejos de los límites de la niebla, su rojiza luz brillaba sobre la superficie del océano. Las estrellas ya habían comenzado a hacerse notar al este, y las lunas gemelas de Azeroth, ambas en su fase creciente, brillaban con fuerza.

Una clase de geografía de hace años regresó a su memoria: grandes franjas del océano meridional eran virtualmente innavegables, y se encontraban perpetuamente cubiertas por una densa niebla. Shen-zin Su evitaba siempre esas zonas.

¿Una tierra ignota con montañas, bosques y campos, escondida entre las grandes brumas de los Mares del Sur, y llena de gente?

Pandaria.

Tan pronto como esa idea comenzó a tomar cuerpo en su mente, la visión empezó a desvanecerse, a desintegrarse rápidamente ante sus ojos. Li Li parpadeó y el cielo, junto a la sensación de estar flotando, se esfumó, y de nuevo se encontró firmemente de pie en El Gran Archivo, observando la brillante superficie de la perla gigante que sostenía entre las manos.

Pandaria… La legendaria tierra natal de su pueblo, el lugar que Liu Lang y sus seguidores otrora abandonaron en busca de una vida más emocionante sobre el lomo de Shen-zin Su. ¿Existía de verdad? La mayor parte de los pandaren de la gran tortuga creían que Pandaria había sido destruida hacía mucho tiempo a causa de las guerras, las enfermedades o... algo. De otro modo, ya la habrían visto de nuevo, ¿no?

Li Li hizo girar lentamente la gran perla en sus manos. El mundo guardaba muchos secretos, y la magia podía conseguir muchas cosas.

—Tengo que encontrarlo —susurró—. Por eso he tenido la visión, ¿no es así? Wanyo no la ha tenido, y tampoco ninguno de los mayores. Ni siquiera mi padre o el tío Chen. Solo yo.

Los colores en la perla volvieron a arremolinarse, y Li Li lo tomó como un buen augurio.

—Tendrás que venir conmigo —dijo mientras se guardaba la perla bajo el brazo. Era algo difícil de llevar, pero estaba segura de que podría meterla en una mochila o una bolsa de viaje. Rápidamente, Li Li recorrió el archivo en dirección a casa. Tenía muchas cosas que preparar, y no disponía de mucho tiempo. ¿Ni siquiera sabía cuánto tiempo había durado la visión?

En otro tiempo salió en busca de Chen y consiguió encontrarlo, pero tuvo que pagar el horrible precio de la vida de Bo. Su corazón le martilleaba en el pecho. No volvería a cometer los mismos errores. Su misión estaba clara.

***

Ropa de repuesto, su diario de notas y mapas, comida sustraída de la cocina, varios artilugios que podrían serle útiles y por último la perla. Li Li la envolvió de manera reverencial con una capa y la depositó sobre el resto de cosas en la bolsa de viaje. Eso era todo lo que necesitaba para comenzar su periplo. Amarró con una correa una pequeña bolsa llena de partículas encantadas, que siempre resultaban útiles, y echó un último vistazo a la habitación para comprobar que no se olvidaba nada. Convencida de que no, se acercó al vestidor y recogió su silbato para grullas del cajón, el cual se ató alrededor del cuello junto con el collar con cuentas draenei que Chen le había regalado. Frotó ambos collares entre sus dedos, deseándose a sí misma suerte.

—Solo resta una cosa por hacer —dijo con suavidad.

Li Li ya había escrito a su padre una carta como aquella, y las palabras surgieron con tanta facilidad como con la que deslizó la pluma sobre la hoja.

Queridos papá y tío Chen:
Para cuando leáis esto yo ya estaré de camino a Forjaz. Shen-zin Su no es el lugar adecuado para mí. Os lo he dicho durante años.
Tío Chen, encontrarte fue como resolver un gran misterio, pero aún queda uno por desvelar, y es incluso mayor. La perla de Wanyo me ha mostrado cómo resolverlo, y eso es lo que voy a hacer. Esta vez nadie saldrá herido, os lo prometo. Cuando vuelva a veros no podréis creeros lo que he encontrado.
— Li Li

***

Lejos del centro de la ciudad, Li Li se llevó el silbato a los labios y emitió un silbido claro y agudo. Solo tuvo que esperar un momento para escuchar el suave deslizar de las plumas y ver a su antigua amiga, la grulla, posarse frente a ella. El ave, de gran tamaño, ladeó su cabeza y la evaluó con una mirada oscura e impenetrable. Li Li sonrió tímidamente.

—Seguro que me dirías lo mismo que papá. Pero no puedo quedarme sentada esperando a que el mundo venga a mí. Tengo cosas que hacer.

La grulla arqueó el cuello y soltó un graznido, batía las alas y brincaba de una a otra de sus larguiruchas patas.

—Vale, ríete si quieres. —Li Li entornó los ojos. La grulla soltó otro graznido repleto de regocijo y descendió al suelo, permitiendo que subiese a su lomo con facilidad. Una vez encontró acomodo, el ave se alzó de golpe y con un poderoso aleteo emprendió el vuelo.

—Pandaria está al sur —dijo Li Li por encima del viento, con la cabeza baja y pegada a la base del cuello de la grulla—, escondida en un enorme banco de niebla.

La grulla cabeceó hacia delante, y a punto estuvo de lanzar a Li Li al océano. —¿Pío?

—¿A qué viene eso, pájaro loco? —Li Li se aferró a las plumas de la grulla, y la cabeza volvió a dolerle debido al súbito movimiento—. ¡Claro que no espero que me lleves todo el camino! Necesitaremos un montón de suministros y comida, por dios.

La grulla no parecía muy convencida. —¿Pío?

—¡Una aeronave! —dijo Li Li con una sonrisa—. Y resulta que conozco a alguien que me dejó utilizar una antes.

—¿Píoooo?

—¡Forjaz! ¡El rey Magni! ¿Te vas a pasar todo el camino cotorreando, o qué? ¡Sigue volando!

***

—Esto es culpa tuya.

Chon Po blandía la carta de Li Li delante del rostro de Chen como si fuese una daga, con los ojos rojos de rabia. Chen se balanceaba de un lado a otro, nervioso.

—Durante toda su vida no ha hecho más que decir "tío Chen" esto, "tío Chen" aquello, y "¡Oh, sería genial ver el mundo con el tío Chen!". —Chon Po no hacía más que dar vueltas de un lado a otro, y la rabia se percibía en su misma postura—. Y nada podía desviarla de sus falsas ilusiones. Claro que no, Li Li solo veía la poesía del asunto. Gracias, en gran medida, a tus cartas, hermano.

Chen respiró profundamente. Era obvio que Chon Po tenía razón, así que Chen dejó simplemente que despotricara a rienda suelta, preguntándose qué porción de las acusaciones iba dirigida a su hija y cuál a su hermano.

—... Introducían de manera irresponsable en su cabeza falsas ilusiones. ¿Qué cree que puede encontrar ahí fuera que no tengamos ya aquí?

Para empezar, ingredientes mínimamente decentes para hacer cerveza, dijo Chen para sus adentros, mientras observaba la lejana muralla por encima de la cabeza de su hermano. A punto estuvo de esbozar una sonrisa. De repente, el furioso rostro de Chon Po bloqueó su visión, lo que provocó que se sobresaltase.

—¿Es que no tienes nada que decir?

—Chon Po, no sé qué puedo decir. Yo no le he dicho a Li Li que vaya a ningún sitio.

—¡Por supuesto que lo has hecho! —dijo gritando Chon Po—. ¡Llevas diciéndole cosas así durante años, aunque no fuese en persona! Ella te idolatra, y ahora se ha embarcado en esa maldita y absurda misión en busca de lo que sea ese "gran misterio" del que hablaba. Tú eres el que debe encargarse de traerla de vuelta de ese —volvió a mirar la carta de Li Li—… ese Forjaz del que habla.

La verdad sea dicha, Chen sí que estaba preocupado por su sobrina. Era demasiado joven para viajar sola, y, si su memoria no le fallaba, ese "gran misterio" del que hablaron una vez consistía en encontrar Pandaria, algo que ni siquiera estaba seguro de que fuese posible. Por si fuera poco, se había llevado la perla, y una naga ya había intentado capturarla a causa de ese objeto. El peligro era a todas luces evidente. Además, con las calabazas de Ventormenta se podía hacer una cerveza excepcional.

—De acuerdo Po, iré a buscarla —accedió Chen—. Pero ella será la que decida. No voy a obligarla a volver.

Chon Po lanzó un bufido. —Es una niña, Chen.

Chen sacudió la cabeza.

—Cada día lo es un poco menos, Po. Me iré lo antes posible.

—Cuanto antes mejor. —Chon Po se cruzó de brazos—. ¿Quién sabe en qué clase de líos se meterá esta vez?