Garrosh Grito Infernal: antes y ahora
Garrosh
por Luumht el April 14th a las 4:07pm

Las ciudadelas fortificadas yacen en ruinas; los otrora bosques verdes arden brillantemente bajo el crepúsculo de la puesta del sol; y las extensiones áridas de desierto, conocidos por atraer incluso a los viajeros más resistentes, albergan oasis llenos de nuevas especies de flora.

La devastación de Azeroth ha cambiado una gran cantidad de cosas. Aunque los paisajes alterados de los Reinos del Este y Kalimdor pueden ser la evidencia más notable del violento regreso de Alamuerte, muchos de los héroes de Azeroth también han sido objeto de drásticas transformaciones físicas y mentales.

Algunos han cuestionado la decision de Thrall de poner a Garrosh Grito Infernal en la ardiente encrucijada de liderar la Horda, pero nadie puede negar que este orco Mag’har de Terrallende ha trazado un curso para su gente que cambiará la faz misma de Azeroth.

Como hijo del orco al que se le atribuye la redención de su gente, Garrosh Grito Infernal siempre ha cargado con un amargo manto de deber para con los suyos. Antes de conocer las últimas acciones de su padre contra la Legión Ardiente, Garrosh vivía con la vergüenza de la corrupción de Grom Grito Infernal y temía que dicha debilidad también estuviera presente en sí mismo. Cuando Thrall llegó a Nagrand y le mostró a Garrosh la verdad sobre el martirio de su padre, el Mag'har se transformó. Lleno de una renovada sensación de fuerza y seguridad, regresó con el Jefe de Guerra a Azeroth en calidad de consejero. Muy pronto fue nombrado Señor supremo de la Ofensiva Grito de Guerra y Garrosh dio tal prueba de valor, tenacidad y fervor que impresionó y preocupó a los demás miembros de la Horda. Tales inquietudes aumentaron cuando lo nombraron Jefe de Guerra pues Garrosh hacía caso omiso de las opiniones que se originaran fuera de su raza.

La mayoría de los orcos han aplaudido el ascenso de Grito Infernal porque piensan que sus insolentes instintos de guerrero y su negativa a la hora de negociar para obtener recursos necesarios van más del mano de la verdadera naturaleza orca. Aunque Garrosh aprecia el reconocimiento público, e incluso saborea la aceptación de esos orcos de piel verde, no tiene tiempo ni paciencia para exhibiciones ostentosas de liderazgo. Ahora su atención está centrada en fortalecer las murallas de Orgrimmar y conseguir suministros vitales para su pueblo: comida, madera y otros productos esenciales que son cada vez más escasos desde la última sequía. Si éstos sólo se pueden conseguir derramando la sangre de esos perros egoístas de la Alianza, que así sea.

Garrosh ya recelaba de las otras razas de la Horda y ahora sabe que los distintos líderes de esas facciones son más poderosos de lo que se imaginaba. El duelo (y eventual asesinato) con el gran jefe Cairne Pezuña de Sangre le costó muy caro, pues desencadenó una guerra civil entre los tauren. El éxodo de los trols Lanza Negra de Orgrimmar, liderado por el insatisfecho Vol'jin, ha menguado de forma considerable el otrora concentrado poder militar de la Horda. Y Sylvanas Brisaveloz, la Dama Oscura de los Renegados, no ha disimulado la baja opinión que tiene del nuevo Jefe de Guerra. A Garrosh no se le da bien la diplomacia, ni con la Alianza ni con los propios miembros de la Horda, y ahora se está dando cuenta del precio de su testarudez. Todavía está por verse si podrá poner eso por encima de su visión de una Horda fortalecida y purificada. Al final, algunos creen que los ideales de Garrosh Grito Infernal serán la salvación de la Horda, mientras que otros piensan que la llevará a la ruina.


En los siguientes meses, analizaremos las transformaciones de otros personajes clave, incluyendo a Anduin Wrynn y Magni Barbabronce.

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